Los aceites esenciales puros son substancias
concentradas y potentes. Para el masaje, las esencias - una o varias - se añaden,
antes de entrar en contacto con la piel, a un aceite básico que, actuando
como vehículo, diluye las esencias para evitar reacciones cutáneas y fenómenos
irritantes, y permitir el deslizamiento correcto para efectuar el masaje.
Los aceites de base que se utilizan deben tener una alta afinidad con la piel.
Por ello se aconsejan los aceites vegetales como el aceite de germen de trigo,
de almendras dulces, de avellana, de girasol, de sésamo, de oliva, de pepitas
de uva, de maíz, de soja o de cacahuete.
Una precisión importante que hay que tener en cuenta es que estén exprimidos
en frío, ya que no deben contener residuos de disolventes, derivados del
proceso de refinado y de presión, que destruyen las vitaminas liposolubles
como las E y F. Se desaconsejan los aceites de origen mineral para hacer
masajes, como el aceite de vaselina, que tiene poca afinidad con la piel y
tiende a obstruir los poros.
Entre los aceites antes mencionados el de pepitas de uva y el de girasol
resultan particularmente ligeros y, por lo tanto, de más fácil extensión
por el cuerpo. Los aceites de germen de trigo, de oliva o de almendras dulces
son más viscosos y por ello más adecuados para el tratamiento de las pieles
secas.
Los porcentajes de dilución son
los siguientes: el contenido de aceite esencial de una mezcla debe oscilar
entre el 1 y el 3 %, según el tipo de problema. Los problemas físicos en
general requieren una concentración mayor que los estados de naturaleza
emotiva y nerviosa.
Veamos en la práctica cómo se procede a la dilución. El 1 o 3 % se traduce
en estas proporciones: para una cucharada sopera de aceite básico (que
equivales a unas 100 gotas), deberemos añadir de 1 a 3 gotas de esencia.
Para un masaje global de todo el cuerpo, la concentración de esencia será
como se ha indicado antes. Para intervenciones en puntos más precisos, el número
de gotas por cucharada podrá ser superior.
La temperatura ambiente del lugar donde se practicará el masaje deberá ser
agradable, no inferior a los 25 grados Celsius; la mano de quien efectúa el
masaje deberá estar caliente y el aceite se calentará con el calor de la
mano antes de aplicarlo sobre el cuerpo. Hay que tener presente que cuanto
mayor sea el calor de la piel, mayor es la dilatación, y, con ello, mayor es
la absorción de la esencia. Esto puede verse favorecido con un baño caliente
antes de proceder al masaje.
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